Fueron muchas las veces que me prometí no leerte más,
reteniendo a duras penas, las ganas de quitarte el cuerpo para mirarte el alma.
Y a pesar de todo, involuntaria/voluntaríamente aquí estoy.
Hay pocos momentos en la vida como este, tan especiales,
que sientes que se te acumulan las palabras en los labios,
que de tus ojos se resbalan las emociones.
En esas ocasiones, nada de lo que digas o escribas
se acercará un poquito a lo que sientes o verdaderamente quieres expresar,
son instantes tan exclusivos que solo puedes rendirte a ellos y disfrutarlos,
tanto como los recuerdos de las personas que te los hacen sentir,
aquellas que duelen por su ausencia mucho más, de lo que estarías dispuesta a admitir,
que te hacen sentir el peso y la materialidad del alma con sus palabras,
la prueba palpable de que esta, es invisible, pero real.
Que con sus frases, abren las heridas de un trance,
y aunque con dulce sabor a amargura,
por muy asumidas o superadas creas tener, te descolocan,
haciéndote consciente de lo equivocada que estabas,
cuando suponías agotadas las lagrimas por ellas (él).
De las cuales nace una inmensa necesidad de soledad,
de envolverte en el pasado,
provocando un dolor tan exquisito que solo podría calmar,
un abrazo fuerte de una noche entera..



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